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> SÓLO LA VERDAD!!  > PENA DE MUERTE: ¿A FAVOR?

 

 

3 minutos

 

 

¿A favor de la pena de muerte?

 

Néstor Luis Alvarez

 

 

 

 

Amigos:

 

Hace varias semanas fuimos testigos de la ejecución —en la horca— de Saddam Hussein. Es opinable si fue un juicio justo o no; pero, algo que nadie puede dudar es que se trataba de un hombre que, a lo largo de su vida, se fue envileciendo hasta llegar a ser un auténtico criminal; un hombre frío y despiadado que se convirtió en líder y gobernante, y que manipuló ideologías, religión y fundamentos tribales con un solo objetivo: su interés de mantenerse a toda costa en el poder. Ahora bien; según la Fe y la Moral cristiana, ¿es aceptable la pena de muerte? ¿o depende de las circunstancias?

 

La pena de muerte es la eliminación física de los delincuentes que evidentemente son incorregibles y que representan un peligro tal que ni el presidio permanente puede contener. Es decir, que moralmente es aceptable, o al menos comprensible, si se la considera como un recurso que cumple con todas las condiciones de la legítima defensa.

 

El magisterio de la Iglesia ha enseñado tradicionalmente que no se opone a la pena de muerte siempre que, estando plenamente comprobada la identidad y la responsabilidad del culpable, sea “el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”[1]. No obstante, el Santo Padre Juan Pablo II expuso en su Carta Encíclica Evangelium Vitae (Evangelio de la Vida) que “la Iglesia ve como un signo de esperanza la aversión cada vez más difundida en la opinión pública a la pena de muerte, incluso como instrumento de ‘legítima defensa’ social, al considerar las posibilidades con las que cuenta una sociedad moderna para reprimir eficazmente el crimen de modo que, neutralizando a quien lo ha cometido, no se le prive definitivamente de la posibilidad de redimirse”[2].

 

Santo Tomás de Aquino, en su obra, la Suma Teológica[3], sostiene que “todo poder correctivo y sancionatorio proviene de Dios, quien lo delega a la sociedad de hombres; por lo cual el poder público esta facultado como representante divino, para imponer toda clase de sanciones jurídicas debidamente instituidas con el objeto de defender la salud de la sociedad. De la misma que es conveniente y lícito amputar un miembro putrefacto para salvar la salud del resto del cuerpo, de la misma manera lo es también eliminar al criminal pervertido mediante la pena de muerte para salvar al resto de la sociedad.”

 

Es decir que queda claro que se trata de algo moralmente aceptable sólo si no existe otro recurso para evitar que el criminal siga causando daño; un daño que no puede ser sino, exclusivamente, el de la vida de otra u otras personas. En cambio, no es aceptable, bajo ningún respecto, que la pena de muerte sea expresión de venganza o de ajuste de cuentas, aunque se trate del peor criminal.

 

En conclusión, es lamentable que algunos piensen que la pena de muerte es algo fácil de justificar basándose tan solo en la crueldad del criminal; tal como sucede en algunas sociedades donde inclusive puede llegar a ser una satisfacción política que los jueces y los fiscales dan a manifestantes enfurecidos y con pancartas. Es algo muy delicado y complejo, no la evaluación de la maldad y de la peligrosidad del criminal, sino la evaluación de la pena de muerte como verdadero último recurso para proteger la vida de los demás.

 

Entonces, en el caso de Saddam Hussein, para discernir si la pena de muerte estuvo ajustada a los mencionados presupuestos morales, habría que ver si en efecto la pena de muerte era el último y único recurso para evitar que siguiera causando la muerte de otros.

 

Un abrazo a todos, y hasta el próximo boletín,

Néstor Luis

 


Notas


[1] Catecismo de la Iglesia Católica

 

[2] Pontificio Consejo de Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Roma, 2005, P. 224, No. 405

 

[3] Parte II, Cuestión Segunda, 64

 

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