Leyendo el Informe Estremecedor como llama Bernardo
Kliksberg al Informe de Desarrollo Humano 2006 de la ONU
reafirmo mi apreciación donde la gran revelación del 3 de
diciembre fue un pueblo que claramente optó por darle una
oportunidad a quien al menos menciona sus problemas, lo cual
no implica que esta revolución los resuelva o vaya en vías
de resolver; solo habla de un pueblo conciente de sus
carencias inmanentes, tan básicas que van mucho más allá de
cualquier manifestación publica y con un voto silencioso han
decidido apoyar una opción para solucionarlos, sin mucho
aspavientos, ni celebración.
Muchas veces nos preguntamos ¿Cómo es posible que les vayan
a quitar RCTV al pueblo y este no haga nada? ¿Les van a
quitar su única distracción y no gritan de indignación? No
nos damos cuenta que sus prioridades son desconocidas para
la mayoría de nosotros que vivimos en el “este”. Un pueblo,
nuestro pueblo cuyas necesidades son tan primarias, de
pábulo y no las conocemos sino en los reportes técnicos a
los que accedemos anualmente.
Este comentario en lo absoluto trata de minimizar o evadir
el enorme daño que el cierre de los medios de comunicación
privados o públicos puede traer para la democracia, el solo
plantearlo es un resquebrajamiento aún mayor al nulo
consenso democrático que hay en Venezuela, consenso vital y
activo que en cualquier democracia se alimenta de las
disidencias, desavenencias, desacuerdos y discrepancias para
consolidar luego de un debate los acuerdos y coincidencias
que nos permiten avanzar en la consecución de metas y
objetivos como serían en este caso la superación de esta
indigencia que merma conceptos como libertad, voluntad y
autonomía.
No comparto la visión de que solo los gobiernos de izquierda
tienen las respuestas a las desigualdades latinoamericanas
actuales, tampoco las tienen solo los de la derecha, pienso
que hay problemáticas que debemos resolver con
procedimientos eficientes sin etiquetar a priori el matiz
que lleva.
Por supuesto, que para mi el camino para zanjar los
problemas medulares de la pobreza esta en la generación de
riquezas a través de las libertades económicas, ahondando en
la construcción de instituciones sólidas donde la regla sea
igualdad de oportunidades para todos y que todos seamos
iguales ante la justicia. En un Estado para los ciudadanos,
donde las decisiones, las normas, las reglas busquen
gestionar y tutelar los derechos y los deberes de esos
ciudadanos, no para cooptar sus voluntades para un proyecto
político egocéntrico; en la Responsabilidad Social
Empresarial, en el sentido que es una cuestión de moral el
que los empresarios se corresponsabilicen con el bienestar
social de su entorno.
Pero sobre todo creo que es en la participación ciudadana de
la clase media, segmento social donde están las elites
estudiadas, sector otrora solamente visualizado como
“productivo”, donde radica el trabajo más importante, pues
con el fortalecimiento de estos actores sociales, motu
proprio, sin necesidad de Ley de Servicio Social Integral,
sería posible convertirse en mecanismo difusor de un
discurso político que lleve un mensaje de respaldo con
soluciones concretas a la miseria de los invisibles de los
“cerros” del país, que conocemos solo por las cifras y datas
espeluznantes.
Sirva pues la concertación opositora, la coalición del
pensamiento democrático plural, la unión de la voluntad
política de 4.200.000 venezolanos para hilvanar nuestras
propuestas concretas y reales, para darle contestación a
esos informes estremecedores.