|
4 minutos |
|
|
Lecciones de Dios
Cardenal Rosalio Castillo Lara

Ante la desastrosa situación a la que nos han llevado los ocho años
de este régimen revolucionario, viene espontánea la pregunta: ¿por
qué nos ha caído encima semejante desgracia?
Los
analistas políticos la atribuyen a los malos gobiernos precedentes.
Sin embargo, desde otra óptica, quisiera insinuar que se trata de
una lección que Dios ha querido darnos.
Dios, Creador del universo, es Señor de la historia. Él sigue, en su
Divina Providencia, respetando la libertad concedida a los seres
humanos, pero interviniendo discretamente cuando lo considera
necesario. En nuestro caso, ha querido darnos una lección de la que
espera que sepamos sacar valiosas y útiles enseñanzas.
Venezuela es, quizá, la nación de América Latina más favorecida de
Dios por sus innumerables dones. Goza de una admirable ubicación
geográfica, abierta a las más importantes comunicaciones. Dios le ha
dado una naturaleza variada y fértil, con amplias costas, feraces
llanuras, agua abundante, elevadas cumbres, etc. Ha sido dotada de
cuantiosas y variadas riquezas mineras, especialmente de yacimientos
petroleros casi inagotables, que son los primeros del mundo. Y
cuenta —lo más importante y valioso— con un pueblo inteligente,
trabajador, generoso y bueno.
Y
entonces, ¿por qué la lección?: Porque no hemos sabido agradecer
ni usar provechosa y justamente esos dones de Dios.
Nuestra patria ha conocido un notable crecimiento económico que,
lamentablemente, ha favorecido solo a algunos sectores y, en
contraposición, ha aumentado la pobreza de los otros. En ese
desarrollo económico se ha hecho palpable, por parte de muchos, un
marcado egoísmo que les ha llevado a encerrarse en el ámbito
estrictamente personal o familiar, olvidándose por completo de hacer
partícipes de sus logros a los más pobres. La excepción la han
constituido algunos (lamentablemente pocos) que han sabido utilizar
sus riquezas para crear fuentes de trabajo y proporcionar bienestar
y progreso a los pobres.
La
educación —tradicionalmente abierta a todos— ha sido, en muchos
ambientes, deficitaria e incapaz de ofrecer lo indispensable al
ciudadano para saber cumplir con sus deberes y exigir sus derechos,
así como conseguir un trabajo digno que permita asegurar la
subsistencia.
Ha
fallado, además y en primer lugar, la familia. El libertinaje sexual
ha preñado de hijos los vientres de miles de muchachas y mujeres sin
ofrecerles un ámbito familiar propicio a una básica educación para
la vida. Entre los adultos, han proliferado las uniones libres e
irresponsables que han dejado numerosos hijos sin padres y, por lo
mismo, carentes de educación paterna. Esta paternidad irresponsable
ha propiciado el abundante crecimiento de la población,
especialmente marginal, que en vez de formar ciudadanos para la
patria, ofrece, a veces, candidatos para la delincuencia.
A
todo lo referido se añade una dolorosa comprobación: la pérdida casi
completa de los valores éticos fundamentales en una parte
considerable de la sociedad. Entre esos valores descuellan la
Dignidad de la Persona humana, el respeto a la vida y a la
propiedad, el culto a la Verdad, el respeto la autoridad
legítimamente constituida, etc. Valores todos que, ligados como
están, a Dios Creador y Juez, siempre se adquirían a través de la educación
religiosa, tan escasa en nuestros días.
De
ahí que, a las fallas señaladas, hemos de añadir, para no pocos, la
pérdida o debilitamiento de la fe en Dios y en su Iglesia. El
consiguiente abandono de la práctica religiosa, y tal vez de la
misma fe, es extremadamente peligroso. Me atrevo a señalar que los
domingos no alcanza al 5% el número de los católicos que asisten a
la celebración de la Eucaristía y a escuchar la palabra de Dios.
Y en
conclusión: sufriendo innumerables tropelías de esta revolución y
pensando en los cerca de cien mil compatriotas asesinados durante
los ocho años de desgobierno, hemos de aprender la lección. No es
cosa fácil ni se logra en una semana, pero hay que comenzar. Ya el
darnos cuenta de que Dios nos pide un cambio, un mejoramiento de
conducta personal, sería una señal de haber asimilado y aprendido la
lección.
Que
la Divina Pastora, Auxiliadora de los cristianos, nos ayude a
asimilar del todo esta lección, para mejorar a Venezuela hasta que
recuperemos totalmente la libertad.
Cardenal Rosalio J. Castillo Lara
|
 |
=
Tiempo Estimado de Lectura |
|