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Luis
Gonzalo Clavier Manrique
Hace unos dos meses, la hermana Leonella Sgorbati, que trabajaba en
un hospital de Somalia, fue asesinada, con cuatro balazos, por
fundamentalistas islámicos que actuaron enardecidos por las palabras
del Papa en su discurso en la Universidad de Ratisbona. Mientras
agonizaba, balbuceó algo que los habrá dejado atónitos: “los
perdono, los perdono, los perdono…”. Lo repitió, en italiano, hasta
morir.
A pocas horas del terrible asesinato, la noticia de la muerte de la
religiosa rebotaba en todos los satélites informativos y fue
reseñada y comentada por la prensa de todo el mundo.
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—Ah,
¿entonces resulta que los medios de comunicación sí cubren las
noticias de los asesinatos de misioneros y religiosas que
ocurren frecuentemente en lugares recónditos y bajo regímenes
hostiles al Cristianismo?
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—Pues
sí.
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—¿Y
por qué no se dijo nada de los cientos de hombres y mujeres que
fueron y aún hoy son ejecutados, por el sólo hecho de llevar un
crucifijo al pecho, en países como China, India, Birmania, Vietnam,
Corea del Norte, entre otros? ¿Por qué no tienen en mismo eco?
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—Será
que filtran las noticias…
La lamentable muerte de la hermana Leonella fue utilizada por no
pocos medios informativos, presentándola como víctima de la
intolerancia del Papa.
La inquina contra la Iglesia Católica que experimentan determinados
sectores que controlan la noticia, la manifiestan, increíblemente,
yendo en contra de la libertad de expresión. Filtrando por aquí y
ahondando por allá, logran una distorsión bastante favorable a sus
deseos.
Entonces, pareciera que los ataques hacia el Papa
no vienen sólo
de un grupo de musulmanes, sino de un poder que últimamente no le
rinde cuentas a nadie y que, al parecer —como la reina de
Inglaterra— es inmune; nunca pide disculpas y no se puede juzgar.
Sí, el mismísimo, el poder de los medios de comunicación.
Suena tópico,
pero es así. Bastó con dar un vuelo rasante por páginas web de
periódicos en todo el mundo, y de canales de televisión. Lo que e
veía era muy revelador. ¡Qué manera de deformar una noticia!
Los más de 20
millones de mártires desconocidos que cuenta la Iglesia Católica por
causa de las persecuciones del comunismo, y de la intolerancia,
parecen no tener importancia. Y ahora vienen a cubrir solícita y
desesperadamente la noticia de la monja asesinada en Somalia como
consecuencia de la furia desatada entre los islámicos por las
palabras del Papa.
A los católicos nos queda, de momento, identificar las fuentes de
información más serias, leer mucho y contrastar para hacernos una
idea de los sucesos que afectan a nuestra Iglesia.
Luis Gonzalo Clavier Manrique
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