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Néstor Luis Alvarez
Amigos:
Con relación a eso de los
políticos, los partidos y los gobiernos de izquierda o centro-izquierda, y que siempre se identifican con el socialismo, hace unos
cuantos meses sucedió algo muy significativo en Europa. Se trató de la
iniciativa legislativa de los políticos de izquierda, en España,
para consagrar legalmente los derechos de los simios mediante el
reconocimiento de su “dignidad” de la misma forma que ocurre con los
seres humanos. Y eso me ayuda a demostrar, una vez más, que
la tensión entre el laicismo y el cristianismo, tiene como centro
de discrepancia a Dios y el Hombre creado a su imagen y semejanza;
es decir, a la única fuente de Dignidad para criatura alguna.
En España, primero fue la
reforma legal para un fast track de los divorcios, luego la
legalización del "matrimonio" entre parejas del mismo sexo, siguió la
píldora abortiva denominada “del día después”; se proponen sacar los
crucifijos de las escuelas y hasta el propósito de acabar con la
educación religiosa. Y ahora, parece que es el turno de la Dignidad
de la Persona como tal.
Por eso me parece doloroso ver
cómo personas bien intencionadas, pero aparentemente ingenuas,
suelen escuchar y apoyar iniciativas políticas que se proclaman de
"izquierda" o de "centro-izquierda". Y aclaro que, aunque muchos ni
se hayan enterado después de tanto tiempo, en Venezuela todos los
partidos políticos —exceptuando la organización con la que Arturo
Uslar Pietri fue candidato en 1963— han sido de izquierda y de
centro-izquierda, desde hace casi 50 años hasta el último partido
surgido hace poquito.
Para las ideas políticas y
económicas que derivan de una visión atea o agnóstica, los términos
medios o "grises" nunca serán aceptables. De modo que suelen tomarse
su tiempo y mimetizarse temporalmente con las ideas de Libertad y
con los principios democráticos que sinceramente postulan los que se
dicen de centro-izquierda, pero en cuanto logren tener
la oportunidad, siempre van a intentar más y más, buscando
erradicar cualquier referencia a Dios y a la Moral en medio de la
sociedad, porque tienen clarito que ese es el camino más seguro
y directo hacia los ideales marxistas y comunistas. Y parece que el
resto de la sociedad nunca se da cuenta de ese detalle.
Desgraciadamente, con esta
perversa dinámica o evolución del marxismo, acaban cooperando muchos
que, sin ser ateos ni agnósticos, sino más bien muy
creyentes, manosean las banderas y consignas propias del ideal
marxista y socialista porque en el fondo de sus emociones también
se niegan a aceptar que todos somos diferentes como consecuencia de
los atributos operativos de la Naturaleza Humana (inteligencia y
voluntad) y que por tanto es natural y justo que algunos acaben
teniendo más bienes materiales que otros. Y, así mismo, también
cooperan otros, mucho menos convencidos de su Fe, que ingenuamente
creen que todo les será más favorable o cómodo en un ambiente
secularizado, relativista y alejado de la "dictadura" de la Moral,
pero que no se dan cuenta de que al apostar por el fin de la
religión y de la moral, también se llevan por delante a su Dignidad
y a su queridísima Libertad.
Pero también cuenta, por otro
lado, la cooperación de aquellos que se sienten "libertarios o
liberales" al promover y defender la Libertad, pero que lo hacen
concibiéndola como un fin en sí misma; es decir, una Libertad que no
está ordenada a ningún fin trascendente y que se realiza alejada
de una Moral objetiva y universal. La Libertad no es ni puede
ser, nunca, un fin en sí misma, sino, más bien, un medio para
alcanzar el Fin Último del Hombre; su Bien y su Felicidad.
No se trata entonces de ser
"libres de", sino de ser "libres para". Pensar en una Libertad que
no tenga un referente moral de bien absoluto y objetivo, no nos
haría libertarios, sino libertinos. Y resulta que, al tratar de
restarle importancia a la Moral, aunque se defienda ardorosamente la
Libertad, se estará contribuyendo, paradójicamente, a un sustrato
muy propicio para el colectivismo marxista, ya que éste no
se fundamenta en la abolición de las libertades de la
persona, sino, precisamente, en la negación de Dios, de la Dignidad
del individuo humano, de su Naturaleza y, por tanto, de la Moral
objetiva. Y querer sostener un estatus "libertario o liberal", pero
en clara disociación de la Moral objetiva, es pretender mantener una
especie de término medio o "gris" que, al final, acabará siendo
siempre el mejor terreno de avance para los planes del marxismo.
En el caso de Venezuela esto es
muy preocupante porque mucha gente no quiere darse cuenta del
enorme daño causado por casi 50 años prácticamente sin interrupción
de izquierda y "centro-izquierda". Algunos ni siquiera saben que la
Constitución Nacional de 1961 era una constitución de claros
rasgos
colectivistas, y de una marcada orientación socialista; y en
la cual, "por error",
llegamos a consagrar unas garantías económicas que, casi
inmediatamente, suspendimos
sine die. Así como tampoco se tiene claro que, desde tiempos de
la colonia, en nuestro país ha prevalecido un sistema siempre
mercantilista y de carácter socialista; y, para explicarlo mediante
el contraste: nunca hemos tenido un sistema
capitalista.
Hoy se denuncia
y se explica que Venezuela pudiera estar a
merced de un proyecto anti-occidental y anti-cristiano que
por ahora se nos presenta bajo el signo del socialismo marxista. Y
sería mentira decir que
las primeras y más importantes causas de esa situación sean la
corrupción, el agotamiento de un sistema político, y ni siquiera
el mal llamado indulto (sobreseimiento) a Chávez. La principal y
verdadera causa sería el colectivismo marxista que, como no se conforma
con términos medios, profundiza su rápida evolución en medio de un
ambiente secularizado, descristianizado y moralmente quebrado, hasta
lograr limitar al máximo la Dignidad Humana y su inmanente Libertad.
De modo que, como es imposible eliminar a Dios, entonces es
necesario suprimir lo más que se pueda la Dignidad de la Persona, su
Libertad y, a la sazón, los principios de la Familia; ya que, de esa
manera, y por lo menos aparentemente, Dios ya no existirá.
En fin, al
ver por otra parte, a tantas personas entusiasmadas con esos políticos que se dicen
de izquierda y de centro-izquierda, pienso que tal vez seamos una
sociedad que se niega a aprender de su permanente fracaso, o
que, simplemente, tenemos una muy definida vocación suicida; pues,
pareciera que casi 50 años perseverando en el error de las políticas
públicas colectivistas y socialistas, y yéndonos siempre de mal a
peor, no son suficientes para entender que, si
queremos resultados distintos debemos empezar a hacer todo
completamente diferente, y comenzar por lo principal: reconciliarnos
con Dios, con nuestra religión (Fe y Moral).
Un abrazo a todos, y hasta el próximo boletín,
Néstor Luis
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