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Néstor Luis Alvarez
Amigos:
Hace apenas dos
meses sentí dolor por la polémica y la oleada de odio que algunos
medios de comunicación europeos generaron, en torno al Papa, con
ocasión de su discurso en la Universidad de Ratisbona, y en el cual
el Santo Padre hizo referencia a una crítica hacia Mahoma. ¿Acaso
hoy no es fácil notar la “cizaña” sembrada y la acción de los
enemigos de la Iglesia? ¿O es aceptable pensar que son problemas que
surgen espontáneamente?
Algunos dijeron
que se trató de un error de cálculo de nuestro Papa; algo que fue
aprovechado por algunos exiguos sectores musulmanes para escalar sus
excusas y pretextos de odio belicista hacia occidente. Pero, en
honor a la verdad, el Santo Padre no tuvo la intención de
criticar ni ofender, sino de proponer la reflexión a partir de una
cita al Emperador medieval Manuele II Paleólogo que, ya en aquella época,
había denunciado la manipulación belicista de la religión. Sin
embargo, pareciera que en estos momentos no existe en el
mundo manera alguna de pronunciar, ni siquiera para bien, el nombre
del profeta islámico. Para esos pequeños grupos, actualmente hay que
vivir tiempo de enemistad y de guerra.
Pienso
que posiblemente se nos vienen encima tiempos mundialmente
difíciles, que podrían hacer palidecer a los problemas que tenemos
dentro de Venezuela. Da la impresión de que la humanidad no tiene ni
memoria ni capacidad de análisis; pues, sería muy fácil darse cuenta
de que, en nuestra historia mundial, existe una sorprendente
casualidad: las épocas en las que nos hemos empeñado en generar
ideologías y modos de vida que nos sirven para tratar de expulsar de
nuestras vidas a Dios y a la "dictadura" de Su Moral, han sido,
también, tiempos de grandes guerras y de mucho sufrimiento para la
humanidad. Pero sabemos, en la intimidad de nuestras
conciencias, que eso no ha sido casualidad, sino causalidad. Sin
embargo —y como debe ser— es posible percibir esa amenaza con gran
optimismo y espíritu sobrenatural; pues, todo será para Bien, y al
final de los tiempos Dios acabará ofuscando al mal (la ausencia de
Bien) en el mundo.
Pero, por otra
parte, de ese desagradable episodio que desencadenó muchas amenazas
contra la vida del Papa, y hasta el asesinato de una religiosa en
Somalia, podemos extraer importantes y positivas reflexiones:
1.- nos
recuerda que la verdadera Paz sólo se puede alcanzar a través de
Dios; mediante la permanente práctica de la caridad y la decidida
búsqueda del Bien. Nunca podrá ser verdadero Bien, ni humanamente
justo, lo que, como manera de ser fiel a Dios, conduzca a la
violencia.
2.- este tipo
de episodios demuestran, por tanto, que nuestra religión es
verdadera, ya que han sido diversas y múltiples las ofensas directas
y deliberadas que se han dirigido al cristianismo, y de modo muy
concreto, a la Iglesia Católica desde el momento de su fundación
(hace 2000 años); y, sin embargo, nunca se ha escuchado a nuestra
Iglesia, ni a los cristianos, proferir amenazas de muerte y de
destrucción por causa de esas ofensas. Por ejemplo, nadie ha
escuchado al Papa ofrecer retaliaciones a Dan Brawn o a la Sony por
las ofensas de la novela y la película del Código de Da Vinci. En la
historia del cristianismo, los mártires han muerto en manos de sus
enemigos por proclamar el Amor y la Paz, y nunca por la comisión
de un acto de odio.
3.- estos son
tiempos en los que debemos estar muy unidos en nuestra Iglesia, y a
nuestro querido Pontífice; pues, queda muy claro que nuestra Iglesia
nunca callará frente a las injusticias ni ante la propagación del
mal. Nunca propondrá nada que no considere que sea por nuestro Bien,
por nuestra Felicidad y por nuestra Salvación. Nuestra Iglesia es
nuestra gran aliada; es la gran defensora de la Paz que todos
anhelamos.
Y la mejor
forma de estar muy unidos a nuestra Iglesia no es alimentando la
polémica ni avivando rivalidades; pues, es, más bien, todo lo
contrario: queriendo y respetando cada día más a nuestra Iglesia, y
rezando también por los que quieren destruirnos y por los que desean
involucrarnos en su malvado juego de muerte y destrucción.
¿Somos
católicos? ¿Queremos Paz? Seamos inteligentes entonces, y
reconozcamos que nuestra insuperable aliada es nuestra Madre
Iglesia; unámonos cada día más a nuestra Iglesia.
Un abrazo a
todos, y hasta el próximo boletín,
Néstor Luis
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