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Néstor Luis Alvarez
Amigos:
A pesar de que
he sido uno de esos venezolanos que los estadígrafos llaman "Ni-Ni", escéptico de
todo cuánto dicen los que siempre quieren decidir mediáticamente y a
su manera la "versión oficial" de lo que pensamos y sentimos los
venezolanos que no estamos con el gobierno, hace mes y medio decidí
ir a votar por el principal candidato de la oposición; y hasta
promoví el voto con el mismo entusiasmo y optimismo que cualquier
otro venezolano bien intencionado. Pero no lo hice porque pensara
que sería posible acabar, así de fácil, con esta desgracia; sino por 3
razones fundamentales: PRIMERO: luchar contra la injusticia
aunque sea evidente que ésta nos va a vencer; SEGUNDO: ser
solidario con toda nuestra gente que confiaba en una salida
electoral, pues, en momentos tan dramáticos como los actuales, yo
nunca dejaría de acompañarlos solidariamente aunque me parezca
evidente su error; y TERCERO: para tener la autoridad moral
mínima necesaria para expresar, después de las elecciones, mi
opinión sobre lo que me parecía una suma de equivocaciones, y sin
temor al chantaje de aquellos que siempre quieren impedir cualquier
“crítica discordante”.
De modo que,
brevemente, compartiré con ustedes 6
preguntas
que me vengo haciendo desde hace un poco más de 4 años, y que mis
más cercanas amistades me han oído repetir y repetir:
1-¿por
qué
los que dicen que hay una dictadura con
"fachada" democrática, desde hace años insisten en buscar
un cambio electoral? ¿No es acaso una gran
contradicción querer hacer elecciones democráticas donde
no hay democracia?
2-
¿por
qué una
forma de hacer política y de manejar las decisiones públicas
que, durante casi 50 años, ha demostrado no dar todos los
buenos resultados prometidos —me refiero a
cultura política, partidista y pragmática más que a personas—,
ahora, muchos electores esperan que se
vuelva eficiente de la noche a la mañana?
3-
¿por
qué da
la impresión de que aquí son líderes, y populares, los decididos
o "decretados" por algunos medios de comunicación
—junto
con otros que tienen influencia y poder de diversa índole—, y que
siguen queriendo mantener viva esa inmoral "conciliación de
elites" que siempre se ha elogiado como el epítome de la madurez y
de la evolución política en Venezuela, y que, en realidad, fue la
más efectiva forma de "hipotecar" y destruir al proyecto democrático
iniciado en del siglo XX?
4-
¿por
qué
casi nadie se da cuenta de que el marxismo no se combate con ideas
colectivistas y pseudo-marxistas (izquierdas democráticas,
socialismos, centro-izquierdas, etc) ni con
auténticos marxismos aunque moderados?
5-
¿por
qué nos conformamos con "nuevos movimientos
políticos", "nuevas consignas" y, sobre todo, con las
llamadas "caras nuevas" que, en la forma
de practicar su partidismo y sus "habilidades políticas"
parecen ser más de
lo mismo y representar la más tradicional mentalidad política
con su desmedida ambición de llegar a tener el partido político más grande y
poderoso?
6-
¿por
qué seguimos
intentando resolver nuestros problemas sin involucrar a Dios y
despreciando a la Moral cristiana como remedio indispensable, y sin
aceptar o reconocer que todos hemos estado equivocados y que nos
hemos venido deteriorando moralmente desde la mismísima familia?
Y como no tengo
ánimo para hacer uno de esos complicados, pretenciosos y nunca
diferentes análisis que siempre se ven en la TV, me parece que
la respuesta fácil sería: que
cada sociedad tiene lo que se merece.
Sin embargo, para mí, eso no es aceptable. Tenemos que revelarnos de
una vez por todas contra la manipulación y el engaño que nos viene
desde un lado y de otro. A nosotros no nos interesan primeras ni
segundas ni terceras fuerzas políticas; no es en eso en lo
que estábamos pensando cuando fuimos a votar, sino, más bien, en
cómo podemos impedir que se consolide un régimen que perjudique
nuestra Dignidad humana y que acabe con nuestra Libertad.
Y el primer paso
que debemos dar me parece lógico: tenemos que reconciliarnos
con nuestra religión, con su práctica en serio, y con las exigencias
de la moral cristiana.
Sé bien que esto no se escuchará nunca en boca de esos historiadores
y analistas políticos que encontramos en la radio y en la TV.
Pero nadie podrá contradecir que nuestra religión católica ha
demostrado ser un remedio insuperable contra los proyectos marxistas. Luego de practicar mejor nuestra religión, tenemos que
enterarnos y formarnos lo mejor posible en materia de doctrina
católica, para así poder explicar a otros en qué consiste el peligro;
pero, no con argumentos políticos sobre la democracia y la
alternatividad, sino con razonamientos morales, de verdad, sobre
nuestra Dignidad y nuestra Libertad.
Lo que nos
viene es arduo, difícil, y tomará tiempo; pero ya hemos gastado casi
8 años apostando a salidas electorales que nunca resultan. Tal vez,
si hubiéramos comenzado por donde debíamos, ya estaríamos en mejores
condiciones para defender nuestra Dignidad y nuestra Libertad.
Un abrazo a
todos, y hasta el próximo boletín,
Néstor Luis
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